en una boda
Un aspecto fascinante de hacerse adulto es que puedes tropezar a la mujer más hermosa de la fiesta (derramarle su trago encima) y no tienes que sentirte como un imbécil más de lo necesario porque, en el fondo, se pueden ir todos a la mierda.
El padre de la novia lleva un sombrero al cual lo único que le falta para ser perfecto es una inscripción que rece: “Entregué a mi único amor y todo lo que me dieron fue este estúpido sombrero”.
Los ceniceros del pasillo tienen un león en relieve grabado en la arena, una arena negra, como ceniza, el barro de tus pulmones, el preludio de una golpiza, los secretos: tatuadas estrellas sobre tus senos, felinos de los que nunca hablamos, negros felinos, negros, como el hotel de nuestra pesadilla.




5 de Octubre de 2007 a las 1:23 pm
Uff, qué duro, panita.
Me parece que justo ese es el problema de ir a muchos matrimonios seguidos. Después de cierto tiempo comienzas a pillarte las costuras del ritual, el peso de los gestos, la nostalgia del amor libre.
7 de Octubre de 2007 a las 2:32 am
Una danza macabra panita
14 de Octubre de 2007 a las 6:11 pm
Es una lástima que no estés escribiendo narrativa, pana. Tanta gente diciendo lo mismo y tú ahí, dejando estas líneas como al descuido. Bueno, las cosas que nos dicen algo no tienen por qué estar en libros.
14 de Octubre de 2007 a las 10:41 pm
Gracias Towerman.
Al principio me daba culpa, pero luego de que uno asume la futilidad de todos los medios de difusión, soltar unas líneas sin pompa es más bien liberador.