Vivo en una ciudad llena de maletas. Desde mi balcón puedo ver gente arrastrando su vida contenida en 60 centÃmetros cúbicos. Como el bulto naranja chicle que cargan esas dos rubias, lleno de ropa de verano tan chillona como solo puede se diseñada en los paÃses nórdicos que fantasean hasta la alucinación con lugares más soleados. Ambas llevan peinados fuera de moda, y mantienen una guerra a muerte contra el acné; eso es lo único que no han podido dejar en el aburrido pueblo del que salieron hace unas horas. Por primera vez pueden reÃrse de las seis calles siempre mojadas (cuando no nevadas) de los hombres de modales bruscos que cada dÃa les pegan los ojos en el culo, de las chicas que en los pasillos del colegio se burlan de sus zapatos baratos, de las tardes sin nada que hacer aparte de escuchar a sus padres pelear en la sala. Esta tarde en la playa se quitarán la parte de arriba del bikini, simulando normalidad, como si lo hubieran hecho siempre. Y esta noche, creyéndose por primera vez dueñas de su feminidad, pondrán su borrachera y sus piernas a disposición del primer hombre que les devuelva una sonrisa.
Vivo en una ciudad llena de maletas. Además de sus rasgos les delata su mirada nerviosa. Ecuatorianos, nigerianos, marroquÃes, colombianos, rumanos, venezolanos. Se les ve en las paradas de autobús, tomando valor antes de subirse sin tener muy claro dónde se bajarán. Sus equipajes son maletas antiguas, como cajas de zapatos gigantes. A veces son bolsos baratos que intentan imitar marcas conocidas. A veces ni siquiera llegan a ser verdaderas maletas. Como aquella vez en que un árabe me hizo señas desesperado en la estación de trenes. Supongo que mi piel, más oscura que la del resto, le hizo creer que hablaba su idioma, pero su desaliento fue evidente cuando vio que no le entendÃa. Llevaba una bolsa negra, de las de basura, que hubiera podido abandonar en cualquier esquina sin que nadie se interesara en ella. Sin embargo la abrazaba como si tuviera con ella un nexo casi umbilical. Al ver que yo seguÃa intentando ayudarle, la abrió y sacó una amarillenta libretita telefónica con las hojas gastadas de tanto haber sido frotadas. Me mostró un número antecedido por caracteres ininteligibles y una tarjeta telefónica cuyas instrucciones no podÃa entender. Era fácil imaginar el delicado hilo con el que se sustentó su viaje; “con este billete entras en el tren, vagón 8, asiento 12C, te bajas en la última estación y allá te recogerá un amigo. Si no está, llama a este teléfono”. Si la delicada secuencia se rompÃa, se volverÃa un náufrago en una ciudad en la que ni siquiera podrÃa pedir un vaso de agua. Por eso su mirada de pánico, por eso aferrarse a esa bolsa negra con lo único que le quedaba del mundo conocido: un poco de ropa, fotos y una cajita envuelta en papel de regalo infantil.
Vivo en una ciudad llena de maletas. Una pareja conduce un Volvo alquilado. Entre las canas aún se adivinan algunos cabellos rubios. La piel de él, al rojo vivo, se desborda de una camiseta con el nombre de la ciudad. Ella fue más hábil con los bloqueadores solares y su cutis alcanzó un tono homogéneo. Un par de elegantes samsonites yacen en los asientos traseros. Adentro llevan aún el catálogo de la agencia de viajes con la fórmula que siguieron al pie de la letra: tomar el avión de BerlÃn, llegar al hotel, ir a la playa tantas veces como se pueda y salir a tomar algo en las noches. ParecÃa infalible. En las imágenes los lugares eran perfectos y la gente sonreÃa siempre. Especialmente en aquella del restaurante a orillas de la playa con la vela en la mesa. El joven de la foto hipnotizaba a la chica con su mirada que, a su vez, parecÃa invitarle a continuar el juego en la habitación. Ella creyó que el aire del Mediterráneo fertilizarÃa de nuevo el deseo, y él esperó una frase que limpiara tantos años de indiferencia. Pero siguen esquivándose las miradas, y mientras toman la curva al aeropuerto suben el volumen de la radio para no tener que decirse que acaban de gastar el último pasaje que les quedaba para volver.
-Luis Nouel
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Comments (12)
Coño que bello... Written by 201.243.142.200 on 2005-07-15 11:54:58No sè que es màs hermoso, si lo escrito por Luis o el gesto de Pedro.
Written by 201.243.235.171 on 2005-07-17 12:32:53la MESCLA DE CULTURAS, ETNIAS, PAISES, EN UN SOLO TEXTO BREVE HACE QUE LA CIUDAD SEA MAS INETERESANT, EXOTIK...POR CIERTO CUAL ES???
cortejos Written by 195.207.101.112 on 2005-07-28 09:46:15no me molesta para nada el comentario, pero, por pura practicidad, su direccion de email esta ahi, y los cortejos quedan mas libres y discretos por mail :-)
Efectivamente es un bombón Written by 84.120.138.101 on 2005-08-01 21:19:56Hay varias cosas de Alicante que nos ha enganchado. Somos una familia aventurera que ha dejado muchas cosas para venir hasta aquÃ. SÃ, es un bombón con el que tengo la suerte de compartir la vida en esta hermosa ciudad que nos está permitiendo tener la calidad de vida con la que soñabamos y en la que tenemos buenos trabajos y amigos.
Me alegro mucho Written by 84.120.132.31 on 2005-08-02 08:23:49Me alegro mucho de que todo os haya ido tan bien, y seais una familia tan bien. No conozco a tu pareja ( imagino que serás su pareja) es una expresión lo de BOMBON, no querÃa molestar a nadie, lo siento. Yo soy de Alicante, y me encanta que os encante la ciudad.
Salud. Written by 201.248.144.114 on 2005-08-04 22:47:58Apestáis a trÃo.
eres un desagradable ¿ lo sabÃas? Written by 84.120.132.31 on 2005-08-05 07:03:11porque tienes esos comentarios tan desgradables? No te voy a dar una leccion de moralidad, pero...a lo mejor el/ka que tienes un trio eres tu.